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Renovarse o morir. Es el nuevo lema de todas las profesiones en la época que actualmente nos ha tocado vivir. O por lo menos debería serlo, a tenor de las circunstancias que nos rodean. Si no eres visible y facilitas a tus conciudadanos una fluida comunicación contigo, no existes. Y el futuro de una empresa que no existe para el resto del mundo es la ruina.
Por éste motivo, proliferan las páginas de redes sociales cuyo titular no es una persona, sino una entidad o un negocio. No es extraño encontrar empresas sin oficinas física a las que dirigirse. Los titulares de éstas, se ahorran los gastos que supone el mantenimiento de un establecimiento y mediante una página web tienen una cobertura mediática inimaginable desde un puesto de trabajo fijo.
Las nuevas tecnologias al alcance de los negocios son baratas e innumerables: páginas web, líneas telefónicas. blogs, redes sociales… etc.
No era de extrañar que pronto esta novedosa forma de abordar cualquier tipo de transacción mercantil se extrapolara a otros oficios, como en ésta ocasión que nos ocupa. La abogacía, era una de esas profesiones que necesitaban una lavado de cara. Alejar la pomposidad que envuelve al gremio en general y hacerlo más cercano al gran público. Dejar a un lado los sombríos despachos, con moviliario antiguo o los más posmodernistas aunque fuese estéticamente.
No presentarse cara a cara no debe asociarse de ninguna manera a la desconfianza. Con la infinidad de tecnología a nuestro alrededor estamos mucho más conectados ahora que en ningún otro tiempo.
Y este es como cualquier otro, un buen momento para tecnologizarse, letrados.
Por éste motivo, proliferan las páginas de redes sociales cuyo titular no es una persona, sino una entidad o un negocio. No es extraño encontrar empresas sin oficinas física a las que dirigirse. Los titulares de éstas, se ahorran los gastos que supone el mantenimiento de un establecimiento y mediante una página web tienen una cobertura mediática inimaginable desde un puesto de trabajo fijo.
Las nuevas tecnologias al alcance de los negocios son baratas e innumerables: páginas web, líneas telefónicas. blogs, redes sociales… etc.
No era de extrañar que pronto esta novedosa forma de abordar cualquier tipo de transacción mercantil se extrapolara a otros oficios, como en ésta ocasión que nos ocupa. La abogacía, era una de esas profesiones que necesitaban una lavado de cara. Alejar la pomposidad que envuelve al gremio en general y hacerlo más cercano al gran público. Dejar a un lado los sombríos despachos, con moviliario antiguo o los más posmodernistas aunque fuese estéticamente.
No presentarse cara a cara no debe asociarse de ninguna manera a la desconfianza. Con la infinidad de tecnología a nuestro alrededor estamos mucho más conectados ahora que en ningún otro tiempo.
Y este es como cualquier otro, un buen momento para tecnologizarse, letrados.